Amigos, en el Evangelio de hoy Jesús nos pide no juzgar a los demás. Y pregunta, “¿Por qué te fijas en la paja que está en el ojo de tu hermano y no adviertes la viga que está en el tuyo?” Somos excepcionalmente buenos para ver las faltas de los otros y excepcionalmente aptos para ignorar las propias.

Cuando era adolescente había salido un libro que fue muy popular en ese momento. Se llamaba Yo Estoy Bien y Tú Estás Bien. Simbolizaba una cultura de exculpación y de sentirse bien con uno mismo. No hace muchos años atrás Christina Aguilera cantaba, “Soy hermosa en todos los aspectos y tus palabras no pueden rebajarme”. Si observamos los muchos debates que hay hoy día veremos que la actitud prevalente es la auto-afirmación y el auto-inventarse. ¿Quién eres tú para decirme cómo debo comportarme?

En todo esto vemos fundamentalmente un escaparse de nuestras propias culpas, nuestras fallas o defectos, nuestras sombras. Estamos efectivamente drogándonos, aligerando el dolor de una consciencia real. En este proceso nos volcamos hacia Dios pretendiendo ser algo completo, sin defectos, e inmune a las críticas. Entonces se nos dice, “saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la paja del ojo de tu hermano”.