Amigos, el Evangelio de hoy se centra en el Espíritu Santo como testigo de Jesús: “Cuando venga el Paráclito que Yo les enviaré desde el Padre, el Espíritu de la Verdad que proviene del Padre, Él dará testimonio de Mí”.

Toda la predicación cristiana se trata, en última instancia, del Misterio Pascual —el sufrimiento, la muerte y la resurrección de Jesús— y el envío del Espíritu Santo. Pero este último elemento es especialmente importante para hoy, porque marca la forma en que podemos participar de la vida que Jesús nos ha abierto a nosotros.

Un signo principal del Espíritu Santo es el impulso para hablar audazmente. Desde los apóstoles atravesando muchos grandes evangelistas y teólogos, hasta Billy Graham y Juan Pablo II, el Espíritu ha impulsado a muchas personas a confesar el señorío de Jesús. Recuerden que San Pablo nos dijo que “Nadie puede decir: ‘Jesús es el Señor’, si no es por el Espíritu Santo.

¿Quién es el Espíritu Santo? Es la tercera persona de la Santísima Trinidad, pero más precisamente, el amor que comparten el Padre y el Hijo. Y como amor entre Padre e Hijo, el Espíritu se ha manifestado más plenamente en la expresión histórica de los grandes acontecimientos de la Encarnación y el Misterio Pascual.