Amigos, en el Evangelio de hoy, Juan nos dice que un soldado romano, para verificar que Jesús estaba muerto, clava su lanza en el costado del cuerpo de Cristo crucificado, “y en seguida brotó sangre y agua”. Los médicos nos dicen que este es un relato creíble, dado que la lanza habría perforado el pericardio, que rodea al corazón, y que contiene una sustancia acuosa.
¿Qué significa este episodio? Los teólogos han especulado que la sangre y el agua tienen un valor simbólico, evocando los sacramentos de la Eucaristía y el Bautismo.
Pero ¿qué judío del primer siglo se habría perdido la interpretación más obvia? Esto fue el cumplimiento de la profecía de Ezequiel, que decía que cuando Yahvé limpiara Su Templo, agua fluiría para la renovación del mundo.
