Amigos, en el Evangelio de hoy, la gente le pregunta a Jesús por qué no fomenta el ayuno entre sus seguidores. La respuesta de Jesús es maravillosa: “¿Acaso pueden ustedes obligar a los invitados a una boda a que ayunen, mientras el esposo está con ellos?” (Este es un estilo típicamente judío, por cierto, responder una pregunta con otra).

Esta gran imagen del banquete de bodas aparece con frecuencia en el Nuevo Testamento, y obviamente en la narrativa del banquete de bodas en Caná. Y tiene eco en la tradición. Jesús es la boda del cielo y la tierra, el matrimonio de la divinidad y la humanidad; él es el novio y la Iglesia es la novia. En él, se logra la unión más íntima entre Dios y el mundo.

¿Te imaginas a la gente ayunando en un banquete de bodas? ¿Te imaginas entrar a un elegante salón con otros invitados y que te sirvan pan y agua? ¡Sería ridículo! El signo de la dispensación cristiana es la alegría. Exuberancia. Deleite. Dios y el mundo se han unido. ¿Qué podría ser una mejor noticia?