Amigos, el Evangelio de hoy nos cuenta la historia del joven rico. Este joven rico tiene un deseo profundo de participar en la vida eterna. Está hambriento por los bienes infinitos del espíritu. Sabe lo que quiere, y sabe dónde encontrarlo. Jesús es el bien infinito que nuestra alma desea. Él es el propio Dios hecho carne.
Si quieres vivir en amistad con Dios, hay ciertas cosas que debes sacar de tu vida. La amistad con Dios significa una vida de amor; por lo tanto, aquellas cosas que violan gravemente ese amor deben ser eliminadas.
Jesús mira al joven rico y le dice: “Si quieres ser perfecto, vende todo lo que tienes y dalo a los pobres: así tendrás un tesoro en el Cielo. Después, ven y sígueme”. Dios no es otra cosa que amor, de principio a fin, y por eso la vida de amistad con él, en el sentido más pleno, es una vida de amor total, un amor que hace olvidarnos de nosotros mismos.
Pero llegado ese momento, trágicamente el joven retrocede. La vida espiritual, en su máxima expresión, se trata de dar tu vida, y las muchas posesiones del joven eran un problema.
