Amigos, nuestro Evangelio de hoy narra la historia de Jesús caminando sobre el agua. El agua, a lo largo de las Escrituras, es un símbolo de peligro. En el principio, el Espíritu del Señor flotaba sobre la superficie del agua. Esto señala el Señorío de Dios sobre todas las fuerzas del desorden.   

La barca, con Pedro y los otros discípulos, evoca a la Iglesia. Navega a través de las aguas, como la Iglesia se mueve a través del tiempo. Las tormentas —caos, corrupción, necedad, peligro, persecución— surgirán inevitablemente. 

Ahora, en la cuarta vigilia de la noche, es decir, en el momento más oscuro, Jesús viene caminando sobre el mar. Esto es interpretado como una afirmación de su divinidad: del mismo modo que el Espíritu de Dios flotaba sobre las aguas al principio de los tiempos, así también  Jesús flota sobre ellas hoy. Y entonces dice a sus discípulos aterrorizados: “Tranquilícense, soy yo; no teman”. Pero más aún que esto, les dice: ustedes pueden participar en mi poder. “Pedro, bajando de la barca, comenzó a caminar sobre el agua en dirección a él”. Esta es la historia de todos los santos.