Amigos, en el Evangelio de hoy Jesús se acerca a los discípulos caminando sobre el agua. Cada vez que nos encontramos con los discípulos en una barca debemos considerarla como si fuera la Iglesia, la barca de Pedro. Aquí vemos el inicio del peregrinar de la Iglesia a través de los tiempos.

El viento y las olas sacuden la barca. Cualquiera que esté familiarizado con la historia de la Iglesia sabe sobre esto, y es un consuelo especial para aquellos que padecen en nuestros tiempos tempestuosos. Estamos envueltos en un combate espiritual, una batalla que no es con alguien de carne y hueso sino contra poderes y principados.

Temprano en la mañana, los discípulos vieron a Jesús acercándose a ellos, “caminando sobre el mar”. Aterrados, gritaron. Pero Jesús los calmó diciendo: “Tranquilícense, soy Yo; no teman”. Entonces Pedro dijo: “Señor, si eres tú, mándame ir a tu encuentro sobre el agua”.

Pedro representa de modo preeminente a la Iglesia a través de los tiempos. Y en este pasaje está la Iglesia representada en su mejor momento, extendiéndose con la confianza en Cristo. El fruto de esa confianza es participar en el poder del Señor: “Pedro, bajando de la barca, comenzó a caminar sobre el agua en dirección a Él”. Si confiamos solo en nuestro propio poder no podemos hacer nada. Pero confiando en Él podemos hacer cualquier cosa.