Amigos, nuestro Evangelio de hoy nos habla de cuando Jesús dió de comer a cerca de cinco mil personas. Jesús instruye a la gente a reclinarse, lo cual hacen sobre el pasto. Y tomando los panes y el pescado seco, brinda una comida que satisface a esa enorme multitud. Estaban hambrientos, cansados, agotados de los esfuerzos, y Jesús les da sustento para el día.

Para Tomás de Aquino, la gran metáfora de la Eucaristía es el sustento, el viático. La Eucaristía es comida diaria, sustento para el viaje, alimento que nos lleva día a día. ¿Qué tan efectivos seríamos si nunca comiéramos o si sólo comiéramos en ocasiones especiales o días festivos? No muy efectivos. Lo mismo en la vida espiritual, debemos comer y beber o no tendremos fuerzas.

¿Debe esto ser interpretado con un significado simbólico y vago? No, más bien de modo claramente analógico. Porque así como el cuerpo necesita alimento físico, el espíritu necesita alimento espiritual y no hay forma de evitar esto.

Ahora piensa cuántos católicos están ausentes de Misa, de la Eucaristía y de la confesión, e incluso de la oración diaria. Esta malnutrición espiritual es uno de los mayores problemas que enfrenta nuestra Iglesia.