Amigos, nuestro Evangelio de hoy está nuevamente tomado del Sermón de la Montaña. Jesús se ha establecido simbólicamente como el nuevo Moisés, dando una ley sobre una montaña. Al decir “Ustedes han oído que se dijo… Pero Yo les digo …” nos revela que tiene autoridad incluso sobre la Torá.

Para ser claros, aquí no se está derogando la Ley; sino que se la está intensificando. La Ley siempre tuvo el propósito de alinear a la humanidad con la divinidad. Al principio, esta alineación estaba en un nivel bastante básico. Pero ahora que ha aparecido el Moisés definitivo, el alineamiento se vuelve absoluto, radical, completo.

Y Jesús entonces enseña: “Ustedes han oído que se dijo a los antepasados: ‘No matarás’, y el que mata, debe ser llevado ante el tribunal. Pero yo les digo que todo aquel que se irrita contra su hermano, merece ser condenado por un tribunal”. Matar es una acción, y esa acción tiene sus raíces en una disfunción fundamental: una actitud de odio de un alma desordenada, una percepción básica errónea de la realidad. Para ser completamente como Dios, debemos obviamente eliminar acciones crueles y odiosas; pero también ir a lo profundo, eliminando los pensamientos y actitudes crueles y odiosos. Porque Dios es amor, de principio a fin.