Amigos, en el pasaje del Evangelio de hoy Jesús declara que Él es la vid y nosotros los sarmientos, y agrega que “el que no permanece en Mí, es como el sarmiento que se tira y se seca; después se recoge, se arroja al fuego y arde”.
Es contradictorio que aceptemos este tipo de lenguaje con facilidad cuando se trata de la salud corporal mientras que nos resistimos cuando se trata de nuestra salud espiritual o sobrenatural. Los médicos y los especialistas en salud pueden decir, con claridad y sinceridad, que ciertas prácticas y comportamientos son absolutamente esenciales si se quiere mantener el bienestar físico. A menos que lleve una dieta equilibrada y nutritiva, se enfermará y no estará en forma. Si fuma, bebe en exceso y nunca hace ejercicio, su cuerpo se volverá insalubre y si estas prácticas (o negligencias) se exageran, morirá. Simplemente no es tan complicado.
Jesús no nos está brindando imágenes poéticas encantadoras. Está exponiendo los hechos espirituales. El espíritu es un ser vivo y deriva su vida de la vid. Por tanto, si te apartas de la vid, morirás espiritualmente; dejarás de vivir una vida sobrenatural. Y esto no es tan complicado.
