Amigos, las dos palabras más importantes de nuestro Evangelio de hoy son alegría y mandamientos. “Les he dicho esto para que mi gozo sea el de ustedes, y ese gozo sea perfecto”. Y, “si cumplen mis mandamientos, permanecerán en mi amor”.

Estos no son términos que podamos yuxtaponer fácilmente. Solemos asociar los mandamientos con el cumplimiento del deber y la responsabilidad, o con la rectitud moral, y eso normalmente parecería oponerse al gozo.

Sin embargo, Santo Tomás de Aquino al tratar el tema del comportamiento humano, la primera pregunta que se plantea no es sobre la ley o la virtud, sino sobre el gozo. Santo Tomás se pregunta cuál es la naturaleza de la verdadera felicidad. Lo que todos buscamos, jóvenes y viejos, cristianos y no cristianos, hombres y mujeres, ricos y pobres, es gozo.

El objetivo de la vida moral es hacernos felices. Entonces, ¿cómo llegamos a ser felices? La respuesta de Santo Tomás, que está en consonancia con la gran tradición cristiana, es mediante el ordenamiento adecuado del deseo, aprendiendo cómo desear las cosas y la manera correcta. Y eso es precisamente lo que Jesús nos manda a hacer.