Miércoles, 5 de junio de 2024  

Amigos, en el Evangelio de hoy, Jesús está debatiendo con los materialistas de su tiempo: los saduceos, aquellos que negaban la resurrección. Ellos le presentaron un caso casi cómico de siete hermanos que murieron sin dejar descendientes para la viuda. Le preguntan entonces: “Cuando resuciten los muertos, ¿de quién será esposa, ya que los siete la tuvieron por mujer?” Jesús hace a un lado esta pequeña y fácil casuística.

El cuerpo es un medio de comunicación. La comunicación personal más intensa posible es la que ocurre entre dos personas casadas: intimidad sexual, psicológica y personal. Dadas las limitaciones y restricciones de nuestros cuerpos aquí abajo, este tipo de intimidad sólo es posible con otra persona.

El estado celestial también involucra un cuerpo, pero un cuerpo transformado, transfigurado y elevado, lo que Pablo llamó cuerpo espiritual. Sigue siendo un medio de comunicación, pero ahora es tan intenso y espiritualizado que puede mediar una comunión íntima con todos los que aman al Señor. No somos cuerpos disminuidos en el Cielo; somos super corporales. Nos comunicamos de manera más extensa e íntima, y con todos. Por lo tanto, en el cielo, no se nos da a una sola persona en matrimonio, sino a todos. Todo esto se hace evidente en la Resurrección de Jesús de entre los muertos.