Amigos, en el Evangelio de hoy Jesús nos dice que el Reino de Dios pertenece a los niños. “Dejen que los niños se acerquen a Mí y no se lo impidan, porque el Reino de Dios pertenece a los que son como ellos”.
¿Cómo es eso? Bueno, los niños son como las estrellas, las flores o los animales; son lo que son inequívocamente, sin complicaciones. Están en consonancia con las intenciones más profundas de Dios para ellos. El desafío de la vida espiritual es darnos cuenta de lo que Dios quiere que seamos —descubrir lo que está en consonancia con lo más profundo de nuestro ser— y así llegar a la simplicidad y franqueza de nuestra existencia.
Permítanme decirlo de otra manera: los niños aún no han aprendido a mirarse a sí mismos. ¿Por qué un niño puede estar inmerso ansiosa y completamente en lo que está haciendo? Porque puede perderse de sí mismo; porque no está mirándose a sí mismo, consciente de las reacciones, expectativas y aprobación de quienes lo rodean. Los mejores momentos de la vida son cuando no centramos la atención en nosotros mismos en el mundo y simplemente somos como Dios quiere que seamos.
