Amigos, el Evangelio de hoy compara el Reino de los Cielos con aquél rey que da un banquete de bodas para su hijo. En el pasaje paralelo de esta parábola del Evangelio de Mateo, ese hombre se presenta como un rey y la gran cena como un banquete de bodas. Observen que el padre (Dios Padre) está dando un banquete para su hijo (Dios Hijo), cuya novia es la Iglesia. Jesús es el matrimonio de la divinidad y la humanidad, y nosotros los seguidores estamos invitados a participar de la alegría de esta unión. 

La alegría de la intimidad del Padre y del Hijo ahora se nos ofrece para poder compartirla. Escuchemos a Isaías para conocer los detalles de este banquete: “En esta montaña, el Señor de los ejércitos proporcionará a todos los pueblos un banquete de manjares suculentos y vinos refinados, sustanciosos alimentos y vinos puros y selectos”. 

Hay una ventaja en todo esto. Es el mismo rey el que está invitando, y es el banquete de bodas para su hijo. Podemos entonces ver cuán terriblemente importante es responder a la invitación del Rey de reyes. 

Hemos escuchado la invitación de Dios para entrar en intimidad con Él, para convertirlo en el centro de nuestras vidas, para esposarnos a Él en Cristo, y muchas veces encontramos las excusas más patéticas para no responder.