Amigos, el Evangelio de hoy nos presenta lo que los antiguos israelitas llamaron la shemá: “Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es el único Señor”. ¿Puedo invitarte a hacer un examen de conciencia sobre la base de la shemá? ¿Es Dios el único Señor en tu vida? ¿Quién o qué son los rivales que atraen tu atención, tu máxima preocupación? O mejor demos vuelta la pregunta: ¿es que absolutamente todo en tu vida pertenece a Dios?
Podés preguntar, ¿cómo es que me entrego a una realidad que no puedo ver? Aquí es donde el segundo mandamiento de Jesús entra en juego. Cuando se le preguntó cuál era el primero de todos los mandamientos, Jesús respondió con la shemá, pero luego agregó algo a la tradición religiosa, un segundo mandamiento: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”.
Hay una lógica estricta funcionando aquí. Cuando realmente amas a alguien, tiendes a amar, también, lo que ellos aman. Bueno, ¿qué es lo que Dios ama? Él ama todo y a todos los que Él ha creado. Entonces, si quieres amar a Dios, y encuentras esto difícil porque Dios parece tan distante, ama a todos los que encuentres por el bien de Dios.
