Amigos, en el Evangelio de hoy Jesús cura a un paralítico, pero no sin antes perdonarle sus pecados: “Entonces le presentaron a un paralítico tendido en una camilla. Al ver la fe de esos hombres, Jesús dijo al paralítico: ‘Ten confianza, hijo, tus pecados te son perdonados’”. Jesús lee los corazones de los Escribas, quienes dicen que ha blasfemado, y entonces les responde, “¿Qué es más fácil decir: ‘tus pecados te son perdonados’, o ‘levántate y camina’?”. Cuando nadie responde estas preguntas, Jesús manda al hombre llevar su camilla y volver a su casa.
Esta historia afirma que Jesús nos ofrece perdón y sanación. Si bien somos pecadores, si bien somos casos perdidos por nuestros odios y estupideces, si bien hemos llegado al límite (y todavía lo hacemos hoy día) de matar al propio hijo de Dios, aun así Dios nos ama, aun así Dios nos perdona. Sabemos que nada puede separarnos del amor de Dios porque hemos escuchado en el saludo de Jesús resucitado que todos y cada uno de los pecados pueden ser perdonados.
