Amigos, nuestro Evangelio de hoy es la historia de Jesús caminando sobre el agua. El agua es, a lo largo de las Escrituras, un símbolo de peligro. Al principio, el espíritu del Señor se deslizaba sobre la superficie de las aguas. Esto señala el señorío de Dios sobre los poderes del desorden.

En los cuatro Evangelios hay una versión de esta historia sobre Jesús dominando las olas. La barca, con Pedro y los otros discípulos, es evocador de la Iglesia. Navega a través de las aguas, como la Iglesia se mueve a través del tiempo. Las tormentas (caos, corrupción, estupidez, peligros, persecución) surgirán inevitablemente.

Ahora, en la cuarta vigilia de la noche, es decir, la hora más oscura de la noche, Jesús viene caminando sobre el mar. Esto significa una afirmación de su divinidad: al igual que el espíritu de Dios se deslizaba al principio sobre las aguas, así también Jesús lo hace. Y entonces les dice a sus discípulos que estaban aterrorizados: “Tengan valor, soy yo; no tengan miedo”.