Amigos, en la fiesta de San Juan nuestro Evangelio habla sobre su fe en la Resurrección cuando vio la tumba vacía.

Desde esa tumba de Jesús aprendemos que lo que consideramos ser de un modo no es de ese modo; que las supuestas leyes de la naturaleza no son leyes después de todo; que lo que siempre fue en una dirección ahora va en otra.

Dios es enemigo de la muerte, y nos ha mostrado Su poder sobre la muerte de la manera más inequívoca; nuestras vidas no deberían estar dominadas por el miedo a la muerte, y vemos la prueba de esto de la manera más clara imaginable.

Algunas personas desean hacer de la Resurrección algo más inteligible o aceptable para la gente moderna, convirtiéndola así en un vago y perdurable símbolo de la causa de Jesús. Pero entonces Su tumba sería como la de cualquier héroe ordinario, triste, melancólico, apaciguante.

Noten, por favor, que en el cristianismo nunca se ha desarrollado un culto a la tumba de Jesús; no miramos hacia atrás con simple melancolía. Más bien, dejamos de ser sorprendidos, orientados en otra dirección.