Amigos, hoy celebramos la Fiesta de la Inmaculada Concepción. Los Padres de la Iglesia constantemente se refirieron a María como la nueva Eva, es decir, la que revirtió la dirección iniciada por la madre de la raza humana. El Ave o saludo del ángel es visto como giro respecto de Eva. Mientras Eva se aferraba a la divinidad, María dijo: “Hágase en mí”.

Aquí está la paradoja liberadora: La pasividad ante los valores objetivos es precisamente lo que hace que la vida sea maravillosa. Permitir ser invadido y reorganizado por un valor objetivo es lo que hace que valga la pena vivir. Y esto se aplica de manera insuperable a nuestra relación con Dios. El mensaje diciendo que tu vida no es acerca de ti, aplasta nuestro falso ser que subyugaría el mundo entero para sus propósitos, y libera al verdadero yo.

La inmaculada concepción está oculta en la privacidad de la historia de la salvación, pero los efectos de ella se muestran claramente en este Evangelio. En presencia de ese valor supremo, debemos decir, junto con María: “¡Hágase en mí!”.