Amigos, nuestro Evangelio de hoy es un retrato de la Iglesia. Allí se nos muestra lo que Jesús quiere que sus seguidores hagan y cómo hacerlo. Somos una Iglesia misionera. Somos enviados por el Señor a difundir su palabra y hacer su trabajo. El Evangelio Cristiano no es algo a lo cual nos aferramos para nuestro propio beneficio. Sino que es, más bien, como una semilla que entregamos. 

Hacemos el trabajo juntos, con otras personas, en comunidad. Los ministros necesitan gente que los apoye, recen por ellos, los estimulen. San Francisco tuvo la experiencia de Dios y al poco tiempo había reunido gente alrededor suyo; Santo Domingo, ya desde el principio, tiene hermanos trabajando con él; la Madre Teresa atrajo a muchas de sus antiguas estudiantes a unirse en su misión. No caminamos solos.

La oración no es algo secundario al ministerio. No es algo decorativo. Es el alma de los esfuerzos de la Iglesia. Sin la oración, nada tendrá éxito; sin ella, ningún ministro surgirá. Por ello, en todo momento recemos, recemos y recemos.