Amigos, en nuestro Evangelio de hoy Jesús nos habla, con increíble franqueza, sobre cortar una mano, un pie, o arrancarse un ojo. Si estas cosas son un obstáculo para tu salvación, deshazte de ellas, ya que es mejor entrar en la vida eterna mutilado que terminar en Gehena con todos los miembros.

La mano es el órgano por el cual alcanzamos y agarramos cosas. El alma está destinada a la unión con Dios, pero en su lugar tratamos de alcanzar a las criaturas, aferrándonos a cosas finitas con todas nuestras energías.

El Señor también habla de los pies. El pie es el órgano por el cual nos ponemos en marcha por un camino definido. Estamos destinados a andar por el camino de Cristo. ¿Lo hacemos? ¿O hemos diseñado un centenar de caminos errantes, que conducen a la gloria, el honor, el poder o el placer?

Estamos diseñados para buscar a Dios. ¿Hemos pasado la mayor parte de nuestras vidas buscando en los lugares equivocados, engañados por las bellezas y seducciones de este mundo? ¿Estamos dispuestos a arrancarnos el ojo espiritualmente, y abandonar muchas de las preocupaciones que nos han brindado placer?