Nuestro Evangelio de hoy nos presenta reflexiones apocalípticas. Recuerden que “Apocalipsis” significa un develar, una revelación. Y Jesús usa, una vez más, lenguaje del séptimo capítulo del profeta Daniel, “Caerán del cielo las estrellas y el universo entero se conmoverá. Entonces verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y majestad”.
Daniel habló de una sucesión de cuatro reinos, que sería seguida por la llegada del reino definitivo de Dios. Este es el cumplimiento de la profecía de Natán, quien dijo que un hijo de David reinaría para siempre.
Me doy cuenta de lo extraño que puede sonar todo esto, pero hay un punto espiritual de enorme importancia detrás de esto. No debemos confiar en ninguno de los poderes del mundo para darnos seguridad y paz. La paz vendrá solo con la llegada del reino de Dios.
Lo que debemos mirar es al Hijo del Hombre que viene entre las nubes del cielo. Ahora, ¿esto se entiende en un sentido final? Sí, la segunda venida señala el fin del mundo tal como lo conocemos. Pero el Hijo del Hombre viene sobre las nubes del cielo incluso ahora, en la vida de la Iglesia.
