Amigos, en el Evangelio de hoy Jesús predice que será entregado a los hombres, esto es, su Crucifixión. El punto que quiero destacar es que estamos destinados a ver en esa cruz nuestra propia fealdad. ¿Qué es lo que conduce a Jesús a la cruz? La estupidez, la ira, la desconfianza, la injusticia institucional, la traición, la negación, una crueldad indescriptible, el miedo. San Pedro lo expresa con inquietante brevedad: el Autor de la vida ha venido y lo mataron. A la luz de la cruz, se ven todos los canallas. Es por ello que hablamos de la cruz como juicio de Dios sobre el mundo.
Hasta ahora mencionamos todo lo que es horrible. No podemos dejar de contar la historia. Dante, al igual que cualquier otro maestro espiritual, sabe que el único camino hacia arriba es desde abajo. Si vivimos inconscientes de nuestros pecados nunca haremos ningún progreso espiritual. Necesitamos luz, por dolorosa que sea. Entonces podremos comenzar a levantarnos. Cuando Dante llega al centro del infierno, de repente se da cuenta que está empezando a salir.
En la cruz de Jesús nos encontramos con nuestro propio pecado. Pero también encontramos la misericordia divina, que ha tomado ese pecado sobre Sí mismo y disolverlo.
