Amigos, en el Evangelio de hoy Jesús da las condiciones para el discipulado: “El que ama a su padre o a su madre más que a Mí, no es digno de Mí; y el que ama a su hijo o a su hija más que a Mí, no es digno de Mí. El que no toma su cruz y me sigue, no es digno de Mí. El que encuentre su vida, la perderá; y el que pierda su vida por Mí, la encontrará”. 

Hay una frase de La Biblia iluminada de San Juan que dice: “Tenemos que amar nuestro camino de salida”. No hay nada débil o ciego en esta convicción. Cuando amamos intensamente no es que estamos cegándonos a las realidades morales —más bien todo lo contrario—. El amor no es un sentimiento, sino, como dice Dostoyevski, “una cosa dura y temible”. 

Esto es justamente lo que Jesús nos muestra en Su terrible Cruz. Y esto es lo que nosotros, sus seguidores, debemos imitar. Tomar la cruz significa no sólo estar dispuestos a sufrir, sino estar preparados para sufrir como Él lo hizo, absorbiendo violencia y odio a través del perdón y la no violencia.