Viernes, 24 de mayo de 2024  

Amigos, en el Evangelio de hoy Jesús define la sacralidad fundamental del matrimonio. Estoy convencido que el profundo significado sacramental y religioso del matrimonio —incluso dentro de la Iglesia— ha sido dramáticamente puesto en riesgo en los últimos años. Decimos que el matrimonio es una vocación, pero ¿lo decimos en serio? 

Podemos mirar las relaciones humanas de pareja en diferentes niveles. Dos personas pueden unirse sólo por un placer físico, por razones económicas o por una compañía psicológica. Y podemos ver dos personas que se unen por un amor auténtico. 

Pero ninguno de todos estos niveles es sobre lo que la Biblia quiere hablarnos respecto al matrimonio. Cuando estaba haciendo trabajo parroquial, invariablemente preguntaba a las parejas jóvenes: “¿Por qué quieren casarse por la Iglesia?”. La mayoría respondía algo así como: “Porque nos amamos”. Pero yo decía: “Muy bien, pero esa no es una razón para casarse por la Iglesia”. 

Por lo general quedaban confundidos, pero yo lo decía muy en serio. Uno viene a la Iglesia para casarse delante de Dios y Su pueblo cuando estás convencido que su matrimonio, finalmente, no es acerca de uno mismo sino de Dios y de servir Sus propósitos; sabiendo que es, tanto como un sacerdocio, una vocación, un llamado sagrado.