Amigos, en el Evangelio de hoy el Señor nos enseña sobre juramentos y votos.

Aunque Jesús prohibió prestar juramento, la tradición de la Iglesia ha permitido que los juramentos “se hagan por motivos serios y justos”, por ejemplo, en los tribunales. Pero la Iglesia ha empleado tradicionalmente votos para mantener los compromisos de los sacerdotes y religiosos para que, como lo expresa el Catecismo, “se conformen más plenamente al Cristo obediente”.

Por ejemplo, los votos han sostenido la santidad de muchas religiosas que se han convertido en santas, incluidas Santa Catalina Drexel, una filántropa que nos ha mostrado cómo es la justicia cuando está invadida por el amor; Teresa de Lisieux, doctora de la Iglesia cuyo “pequeño camino” demuestra una prudencia radicalizada por Cristo; Santa Teresa Benedicta de la Cruz (Edith Stein), filósofa y mártir que es un ícono del coraje evangélico; y Santa Teresa de Calcuta, una misionera de la caridad que encarna el poder de la pobreza y el ascetismo cuando se ponen al servicio de Jesús.

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