Amigos, en el Evangelio de hoy Jesús predice su crucifixión y el rol de su Padre en su muerte que se avecina. Lo que permitió a los primeros cristianos sostener la cruz, cantarle alabanzas, usarla como decoración, es el hecho que Dios precisamente elevó y confirmó a Jesús crucificado. “Ustedes lo mataron, pero Dios lo resucitó”. Por lo tanto, Dios estuvo involucrado en este terrible acontecimiento; Dios estaba allí, conduciendo sus propósitos salvíficos.

Pero ¿qué significa esto? Ha habido numerosos intentos a lo largo de siglos de Cristianismo para darle un nombre a la naturaleza salvífica de la cruz. Déjenme ofrecer una opinión. Para los primeros cristianos era claro que, de alguna manera, en esa terrible cruz, el pecado había sido resuelto. La maldición del pecado había sido eliminada, desechada. En esa terrible cruz, Jesús sirvió como “cordero de Dios”, sacrificado por el pecado.

¿Significa esto que Dios Padre es un cruel supervisor que exige un sacrificio sangriento para que su enojo sea aplacado? No, la crucifixión de Jesús fue una apertura del corazón divino para que pudiéramos ver que ningún pecado nuestro podría finalmente separarnos del amor de Dios.