Amigos, en el Evangelio de hoy Jesús se identifica con el Padre y así insinúa la realidad de la Trinidad.

La Trinidad es simplemente otra forma de decir que Dios es amor. Pero esto tiene que involucrar una interacción dentro de la unidad de Dios, la de ser el amante, el amado y el amor compartido. Esto es precisamente lo que queremos decir cuando hablamos del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

Este amor es tan ardiente, tan intenso, que se extiende a la creación. En el caso de los seres humanos, esta comunicación del amor fue interrumpida por el pecado. ¿Qué hizo entonces el Dios trinitario para abordar este problema? En otra parte del Evangelio, Juan nos dice: “Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en Él no muera, sino que tenga Vida eterna”.

El Padre ardió tanto en el amor del Espíritu Santo que envió a Su propio Hijo al mundo para que la humanidad pecadora pudiera volver a la vida en comunidad. La Trinidad se abre para incluir a una humanidad pecadora y errante. La Trinidad está lejos de ser una doctrina abstracta. Ella es la dinámica propia de la salvación.