Amigos, en el Evangelio de hoy Jesús es llevado al Padre en el Cielo. Solemos hacer una lectura de la Ascensión siguiendo una guía esencialmente de la Ilustración, en lugar de seguir una guía bíblica, y ello causa gran cantidad de problemas. Los pensadores de la Ilustración introdujeron un entendimiento del Cielo y la tierra en dos niveles. Sostuvieron que Dios existe, pero que vive en un reino lejano llamado Cielo, donde observa el proyecto humano que avanza en la tierra, casi totalmente en base a su propia energía.

En la lectura de la Ilustración, la Ascensión significa que Jesús sube, y sube y se aleja, a un lugar distante y finalmente irrelevante. Pero el punto bíblico es este: Jesús se ha ido al Cielo para dirigir más plenamente lo que aquí pasa en la tierra. Por eso oramos: «Venga a nosotros Tu reino, hágase Tu voluntad así en la tierra como en el Cielo«.

Jesús no ha subido, y subido, y se ha ido, sino más bien —si puedo expresarlo de esta manera— ido más profundamente dentro de nuestro mundo. Él ha ido a una dimensión que trasciende, pero incide en nuestro universo.

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