Amigos, en el Evangelio de hoy Jesús nos llama sus amigos.

Los psicólogos nos dicen que un verdadero amigo es alguien que nos ha visto en nuestro peor momento y aún nos ama. Si me has encontrado solo en mis mejores días no tengo ninguna garantía de que seas mi amigo. Pero cuando has tratado conmigo cuando era el más desagradable y aun así todavía me amas, entonces estoy seguro que eres mi amigo.

La vieja canción Gospel dice: “¡Qué buen amigo tenemos en Jesús!”. Esto no es sentimentalismo piadoso sino el corazón del asunto. Lo que los primeros cristianos vieron en la muerte y resurrección de Jesús fue que matamos a Dios, y Dios regresó con un amor que perdona. Nos vio en nuestro peor momento, y nos amó de todos modos.

Entonces vieron la confirmación en carne y hueso de lo que Jesús había dicho la noche anterior a su muerte: “Ya no los llamo servidores … Yo los llamo amigos”. Ellos se dieron cuenta, en el drama del misterio Pascual, que no solo se nos ha mostrado un nuevo camino, sino que hemos sido llevados a una nueva vida, una vida de amistad con Dios.

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