Amigos, en el Evangelio de hoy Jesús nos advierte de esperar persecuciones. Pero no hay que tener miedo porque en Jesucristo estamos conectados al poder mismo de Dios, que está aquí y ahora creando el universo. No importa cuánta violencia y caos están ocurriendo, tenemos un lugar seguro.

Cuán maravillosamente Jesús expresa esto: “No temas a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma”. El cuerpo pasa, pero el alma, ese lugar donde estás en contacto con el Dios vivo, dura para siempre. Así que pongan sus miedos en el orden correcto: “Teman más bien a aquel que puede arrojar el alma y el cuerpo a la Gehena”.

Ahora piensen en los santos, especialmente en los mártires. Ellos pueden definirse como aquellos seres humanos raros que priorizaron correctamente sus miedos. ¿De quién tenían miedo? No de los más malvados a su alrededor. Más bien, temían a Dios. Se preocuparon, no por lo que la gente quería que hicieran, sino por lo que Dios quería que hicieran.

Ninguna de estas grandes figuras vivió una vida serena, una vida libre de preocupaciones, amenazas y persecuciones. Pero encontraron coraje en la lucha. Su coraje los llevó a poder atravesar lo negativo.