Amigos, en el Evangelio de hoy Jesús nos dice que debe ser levantado en alto para llevar vida eterna a los crean en Él. 

¿Por qué es que la salvación de la raza humana planeada por Dios tiene que incluir algo tan horrible como la Crucifixión? Vivimos una época en la cual el dilema humano es regularmente negado, ignorado, o justificado. A pesar de la masiva evidencia de los desastres morales del siglo pasado, todavía estamos engañados con el mito del progreso: con un suficiente avance técnico, conocimiento psicológico y liberación personal resolveremos nuestros problemas. 

Pero la Biblia no tiene relación alguna con este tipo de tonterías y superficialidad. Los autores de las Escrituras entienden el pecado no tanto como una serie de actos sino como una condición en la que estamos atrapados, algo parecido a una adicción o una enfermedad contagiosa. Ninguna cantidad de esfuerzo meramente humano podría resolver el problema. 

Con este realismo bíblico en mente, podemos comenzar a comprender por qué era necesaria la Crucifixión del Hijo de Dios. La relación justa entre Dios y los seres humanos no se pudo restablecer a través de nuestro esfuerzo moral o simplemente con una palabra de perdón. Había que hacer algo, y solo Dios podía hacerlo.