Amigos, el Evangelio de hoy nos trae un relato muy lacónico de Marcos sobre la Ascensión: “Después de hablarles, el Señor Jesús fue llevado al cielo y está sentado a la derecha de Dios”. Deberíamos pensar que Jesús va a su lugar celestial para reinar sobre la tierra. 

No hay que tomar esto literalmente, ya que no hay sillas en el cielo, pero si tomarlo muy en serio. Lo que Marcos sugiere es que Jesús ahora está reinando; Él está como un rey en su trono. Esto significa que Él está dirigiendo las cosas de la tierra desde su lugar en el Cielo. Nuevamente, no pienses en esto espacialmente, como si el Cielo estuviera muy lejos. Piensa en el Cielo como una dimensión que se superpone con la tierra, y que tiene un impacto sobre la tierra. 

Y esta es la razón por la cual la Ascensión nos obliga a enfrentar una pregunta clave: ¿A quién finalmente obedecemos? ¿A quién servimos en definitiva? ¿Quién es el rey de nuestras vidas? Legítimamente obedecemos a todo tipo de figuras, políticas, culturales, artísticas, etc., pero siempre hay un rey supremo, alguien (o algo) cuyas órdenes de marcha nosotros seguimos.