Amigos, en el Evangelio de hoy Jesús usa imágenes tomadas del mundo de los negocios para instruirnos en la vida cristiana. Y le gusta especialmente la dinámica de la inversión, el riesgo y el retorno, como modelo en la vida espiritual. El motivo es claro. Dios existe en forma de regalo. Por lo tanto, si quieres tener Su vida en tí, debes aprender a regalarla.

Piensa en las monedas sobre las que leímos hoy, como todo lo que hemos recibido de Dios: vida, aliento, nuestro propio ser, talentos, etc. Debido a que provienen de Dios, están destinados a convertirse en regalos. Si te aferras a ellos, del modo como lo hizo el tercer sirviente, no crecen; de hecho, se marchitan.

Vean que los primeros dos sirvientes duplicaron su riqueza precisamente en la medida en que la arriesgaron. Esto significa que aquel que verdaderamente tiene vida divina sabe cómo hacer un regalo, y eso a su vez hará que el regalo original aumente. Y sucede lo contrario: “Al que no tiene, se le quitará aún lo que tiene”. Esto significa que si tratas de aferrarte a la vida divina, en poco tiempo, la perderás.