Amigos, en el pasaje del Evangelio de hoy Jesús se lamenta por Jerusalén porque no lo ha reconocido. Él dijo: “Matarán a todos tus habitantes y no dejarán en ti piedra sobre piedra, porque no aprovechaste la oportunidad que Dios te daba”. Esto es algo altamente subversivo para decir, algo conmocionante, que sacude. Algo así como si un presidente electo llegara a la Casa Blanca en medio de una multitud de partidarios y dijera: “Todo será destruido”.

Esto es precisamente lo que Jesús hace aquí. Sé que lo he dicho antes, pero lo diré nuevamente, porque está en el corazón del Evangelio, y Jesús lo repite una y otra vez: nada de este mundo perdura. Por lo tanto, nada de este mundo debería ser objeto de nuestros anhelos más profundos o compromisos más poderosos.