Amigos, hoy celebramos la Fiesta de la Natividad de la Bienaventurada Virgen María. Y nuestro Evangelio afirma que ella será la Madre de Jesús, quien será “Dios con nosotros”.

María es una figura rica y con un simbolismo multivalente en todos los Evangelios. En las narrativas de la infancia del evangelista Lucas, ella emerge como portavoz del antiguo Israel, proclamando y entonando, en el Magnificat, las palabras de Ana.

En el relato de la Navidad del evangelista Mateo, la vemos obligada a exiliarse en Egipto para más tarde volver a su hogar, recapitulando así el viaje de Israel de la esclavitud a la libertad. Ella es la encarnación simbólica del Israel fiel y paciente que anhela la salvación.

En el Evangelio de Juan, María es, sobre todo, madre. Es la madre física de Jesús y, a través de Él, madre de todos los que buscan una nueva vida en Jesús. Como madre del Señor, ella también es Israel en toda esa serie de eventos e ideas en las cuales aparecerá Jesús y en cuyos términos Él se vuelve inteligible. En ese sentido, Hans Urs von Balthasar ha dicho que María efectivamente despertó la conciencia mesiánica de Jesús a través de su narración de la historia de Israel a su hijo.