Lunes, 18 de julio de 2022               

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Amigos, en el Evangelio de hoy algunos fariseos piden a Jesús ver un signo. Y Jesús les responde, “Esta generación malvada y adúltera reclama un signo, pero no se le dará otro que el del profeta Jonás”, quien estuvo en el estómago de la ballena por tres días y noches.

Jonás fue llamado por Dios para predicar la conversión de Nínive, que es descrita como una ciudad enormemente grande. Tomaba, así dicen, tres días para caminar a través de ella. No puedo evitar pensar en Nínive como una de nuestras grandes y modernas ciudades, centro de todo tipo de actividades y preocupaciones.

¿En qué consistiría la conversión de este lugar? Un volcarse de nuevo a Dios como único bien perdurable. Después de escuchar las palabras de Jonás los Ninivitas “proclamaron el ayuno, y todos ellos, desde el mayor hasta el menor, se pusieron el cilicio”. ¿Cuál es el propósito de estas prácticas ascéticas? Hacer que la gente deje de aferrarse a los placeres mundanos.

Debemos superar la mente que tenemos. Arrepentirnos. Vivir como si nada en este mundo realmente fuera tan importante. Y estaremos viviendo entonces en el Reino de Dios!