Amigos, en el Evangelio de hoy Jesús no ofrece una filosofía, entre muchas, acerca de Dios. Él nos está ofreciendo una visión desde dentro mismo de la Trinidad. Y es por ello que deberíamos responder a esta invitación tan persuasiva: “Vengan a Mí todos los que están afligidos y agobiados, y Yo los aliviaré”.

Todos queremos ser aliviados, pero no en el sentido de relajación. Aquí la palabra alivio quiere decir obtener alegría. Es una gran ilusión creer que esa alegría vendrá una vez que hayamos llenado nuestro ego con cosas. En realidad, ella llega una vez que nos vaciamos de cosas, luego de volcar nuestras vidas en dirección a Dios.

En el Evangelio de hoy también encontramos estas maravillosas palabras: “Carguen sobre ustedes Mi yugo y aprendan de Mí”. El mismo Jesús está cargando el yugo del cual habla porque Él está unido al Padre, porque hace solo lo que ve al Padre hacer. Jesús es, en Su propia y más grande naturaleza, aquél que escucha y obedece.

Por lo tanto, lo que Él nos está diciendo es que debemos permanecer junto a Él, del mismo modo que un buey está al lado de otro buey para empujar juntos. Del mismo modo que Jesús está unido al Padre, también nosotros debemos estarlo respecto a Él, obedeciendo como Él obedece al Padre.