Amigos, nuestro Evangelio de hoy contiene una de las más conocidas parábolas de Jesús, la historia del Buen Samaritano. Cada historia, ilustración, y exhortación es, en última instancia, una imagen del Señor. 

En una de las grandes ventanas de la Catedral de Chartres hay dos historias entrecruzadas, una es acerca de la caída del hombre y la otra es la parábola del Buen Samaritano. Esto nos muestra la conexión que los Padres de la Iglesia quisieron realizar. El Buen Samaritano es un símbolo de Jesús mismo en su rol de Salvador del mundo.

Ahora, nuestra tarea es ser otros Cristos. “¿Cuál de estos tres te parece que se portó como prójimo del hombre que fue asaltado por los ladrones?” “El que tuvo compasión de él”. Y Jesús le dijo: “Anda y haz tú lo mismo”.

Debemos entonces pasar nuestras vidas buscando a aquellos que están varados en el camino, victimizados por el pecado. No sigamos de largo, indiferentes delante de ellos, sino hagamos lo que Jesús hizo. Aún con aquellos que son nuestros enemigos naturales, aún con aquellos que nos atemorizan. Y llevemos entonces el poder de la Iglesia que nos sostiene, vertiendo el aceite y el vino de la compasión, comunicando el poder de la Cruz de Cristo.