Amigos, el Evangelio de hoy nos plantea una pregunta crucial acerca del Cielo y el infierno: ¿Quién estará adentro y quién afuera? Orígenes ha argumentado que todas las personas serán salvadas. ¿Cómo podría el amor de Dios permitir que una sola persona sea condenada? Por otro lado, San Agustín consideró que la gran mayoría de las personas serían condenadas.

Así es cómo abordar este problema. La doctrina sobre el infierno es el corolario de dos verdades fundamentales: que Dios es amor y que somos libres. Amor es todo lo que Dios es. No ama a unos y a otros no. Nada de nuestra parte puede hacer que Dios deje de amarnos.

Sin embargo, somos libres. Por lo tanto, podemos decir que sí o podemos decir que no a Su Amor. Si nos volvemos hacia Él nos abrimos como un girasol; pero si nos alejamos nos quemamos.

La misma resistencia al amor causa dolor. Piensa en alguien atrapado en una cueva durante muchas semanas. Cuando salga a la luz del día será como una tortura. El mismo sol que nos deleita y al cual estamos acostumbrados será una tortura para alguien que se ha apartado de él.