Amigos, en el Evangelio de hoy Jesús nos enseña que si un hermano tiene algo contra nosotros debemos reconciliarnos con él antes de ofrecer nuestros dones en el altar. Esta reconciliación requiere un cambio de corazón y mente.

La palabra “arrepentirse” es a menudo una traducción confusa de metanoeite. Esta palabra griega se compone de dos términos, meta (más allá) y nous (mente o espíritu). Por lo tanto, en su forma más básica, significa algo así como “ir más allá de la mente que uno tiene”.

La palabra “arrepentirse” tiene un tono moralizante, lo que sugiere un cambio en comportamiento o acción, mientras que la palabra usada por Jesús parece estar insinuando un cambio en un nivel mucho más fundamental del ser. Jesús insta a los oyentes a cambiar sus formas de saber, de percibir y comprender la realidad, su modo de ver.

Lo que Jesús insinúa es que hay un nuevo estado de cosas, lo divino y lo humano se han encontrado, y la forma de ver habitualmente no permitirá observar esta nueva realidad. La mente, los ojos, los oídos, los sentidos, las percepciones, todo tiene que abrirse, darse vuelta, revitalizarse. Metanoia, la transformación mental, es la primera recomendación de Jesús.

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