Amigos, celebramos hoy la memoria del gran místico español San Juan de la Cruz. 

Nos encontramos, San Juan de la Cruz enseña, en el medio de un mundo bueno y hermoso, pero estamos destinados finalmente a la unión con Dios. De modo que el alma tiene que liberarse de sus apegos a las cosas finitas para así estar libre para la comunión con Dios. 

Esta purificación supone en primer lugar lo que Juan llamó “la noche de los sentidos” (el desapego de los placeres físicos y sensuales), y continúa con “la noche del alma” (un desapego de las imágenes mentales que uno puede usar para sustituir a Dios). 

Como todas las purificaciones, esta es dolorosa, especialmente si el apego de uno a estas cosas finitas es fuerte. Se manifestará a menudo, dijo San Juan de la Cruz, como sequedad en la oración y una aguda sensación de ausencia e incluso del abandono de Dios.

En este proceso, Dios no está jugando con el alma; más bien Él está realizando una suerte de cirugía sobre ella, cortando y quitando ciertas cosas para que tu vida pueda intensificarse.