Amigos, hoy en el Evangelio, Jesús rechaza la pregunta de Pedro sobre el destino de Juan. “¿Si yo quiero que él quede hasta mi venida, ¿qué importa? Tú sígueme”. El trasfondo aquí es la promesa de la vida eterna, la unión de la divinidad con la humanidad, y el llamado a seguir a Jesús. “Él secará todas sus lágrimas, y no habrá más muerte, ni pena, ni queja, ni dolor, porque todo lo de antes pasó” (Apoc 21, 4).
Piensa en los océanos de lágrimas que han sido derramadas por el sufrimiento de la humanidad a lo largo de los siglos. Piensa en la agonía causada por la enfermedad, por el tormento psicológico y por la muerte de sus seres queridos. Todo será lavado, llevado a un lugar más elevado.
¿Y qué hace que todo esto sea posible? Jesús. Jesús. Jesús. Él es la reconciliación de la divinidad con la humanidad; él es la nueva Jerusalén; él es el cumplimiento de la alianza.
