Amigos, en el Evangelio de hoy, los escribas y fariseos convierten a Jesús en un chivo expiatorio: “Comenzaron a acosarlo terriblemente con muchas preguntas y a ponerle trampas para ver si podían acusarlo con alguna de sus propias palabras”.
René Girard, el gran filósofo y comentarista social franco-estadounidense, es conocido por sus especulaciones sobre lo que llamó mecanismo de chivo expiatorio. Lamentablemente, sostuvo Girard, la mayoría de las comunidades humanas se basan en este instinto disfuncional y profundamente destructivo. En términos generales, se desarrolla de la siguiente manera: cuando surgen tensiones en un grupo, la gente comienza a buscar un chivo expiatorio, alguna persona o grupo a quien culpar. Profundamente atractivo, incluso adictivo, el mecanismo de chivo expiatorio atrae a un creciente número de personas, que en poco tiempo se convierten en una muchedumbre.
Por medio del odio común hacia la víctima, los acusadores sienten una falsa sensación de unión. Llenos de una emoción surgida por realizar justicia propia, las muchedumbres se esfuerzan por aislar y finalmente eliminar al chivo expiatorio, convencidos de que esto restaurará el orden en una turbulenta sociedad. Los Evangelios dieron cuenta de la dinámica girardiana mucho antes que Girard.
