Amigos, el Evangelio de hoy nos cuenta la historia de la Presentación de Jesús en el templo.

La Presentación de Jesús, perfeccionada en la cruz, se re-presenta cada vez que se celebra la Misa. La Misa es ciertamente una comida festiva, el momento en que Dios alimenta a su pueblo con su propio Cuerpo y Sangre; pero la Misa es también un sacrificio, porque implica la ofrenda del Cuerpo y la Sangre de Jesús al Padre.

El Hijo, que lleva los pecados del mundo, es presentado al Padre: “Por Él, y con Él, y en Él, oh Dios, Padre todopoderoso, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por siglos de los siglos”. ¿Dios necesita este sacrificio? Por supuesto que no. Dios no necesita nada. Pero nuestra salvación se efectúa a través de esta Presentación, porque somos llevado de regreso al Padre por medio del Hijo.