Amigos, hoy San Mateo nos invita a enfrentarnos con la gran figura de Adviento de Juan el Bautista. Es realmente imposible comprender el significado de Jesús sin pasar por el baño purificador de Juan el Bautista. Él nos ofrece un lente a través del cual Jesús puede ser interpretado correctamente.
Juan, nos dice Mateo, se presentó como predicador en el desierto de Judea. Los desiertos son lugares de sencillez y pobreza, lugares donde se eliminan las distracciones y los apegos —y, por lo tanto, donde se puede escuchar la voz de Dios. La riqueza, el placer, el poder, el honor —y todos sus avatares y sacerdotes— nos gritan, nos atraen, nos tientan. Pero, ¿qué nos dice Dios? Tenemos que acudir a estos lugares silenciosos y desérticos para poder escuchar.
¿Qué es lo primero que dice el profeta? “¡Arrepiéntanse!” Esta palabra va directa al corazón de cada uno de nosotros, precisamente porque todos sabemos que nuestras vidas no están donde deberían estar. Todos hemos fallado a la gloria de Dios; todos hemos caído en patrones de egocentrismo y adicción. Así que escuchemos hoy la palabra de Juan: “¡Arrepiéntanse!”
