Amigos, en el Evangelio de hoy Jesús se maravilla con la fe del centurión romano. ¡A menudo la Biblia no obliga a meditar sobre el significado de la fe! Podríamos decir que las Escrituras están cimentadas en la fe, y permanecen inspiradas en cada momento por el espíritu de la fe.
Uno de los principios más fundamentales de la fe es este: La vida no es acerca de tí. Este no es tú proyecto. Más bien, somos parte del gran plan diseñado por Dios. Llevar esto hasta tus huesos y actuar en consecuencia es tener fe. Cuando actuamos en base a esta visión transformadora, cosas maravillosas pueden suceder, porque nos hemos sometido a “un poder que ya está trabajando en nosotros y que puede hacer infinitamente más de lo que podemos pedir o imaginar”.
Esto es precisamente lo que vemos en la vida de los santos: en la Madre Teresa mudándose al peor barrio pobre del mundo con una actitud de confianza; en San Francisco de Asís simplemente abandonando todo y viviendo para Dios; en la decisión de Rose Hawthorne de llevar a los enfermos de cáncer a su propia casa; en San Antonio dejando todo atrás y adentrándose en el desierto; en San Maximilian Kolbe diciendo: “Soy un sacerdote católico; llévame en su lugar”. Así es como la fe transforma la vida cristiana.
