Por Qué la Cultura era más Saludable cuando Johnny Carson y Joan Rivers Estaba entre Nosotros

May 11, 2022

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Cuando era niño, era una especie de rito de iniciación en mi familia obtener permiso para quedarse despierto hasta tarde para ver el monólogo de Johnny Carson en el “Tonight Show”. Así que, seguí a Johnny desde que tenía alrededor de quince años hasta que se retiró en 1992. No hace mucho tiempo, Facebook me presentó un video de uno de los monólogos de Johnny de los años 70, y debido a que lo abrí y le di “me gusta”, los algoritmos me presentaron un montón de estos stand-ups. Me encantaron los chistes, pero me impresionó otra cosa mientras estas actuaciones de largo tiempo atrás captaban mi atención. La audiencia reía a carcajadas con algunas de las ocurrencias de Johnny; reaccionaba moderadamente con otras; y otras veces apenas emitía un sonido. En muy, muy raras ocasiones, si realmente estaban deslumbrados por un chiste, aplaudían. Por supuesto, una señal del genio de Carson es que aprovechaba genialmente los artefactos —golpeteando el micrófono para ver si estaba funcionando, explicando trabajosamente porqué el público debería haberse reído y en ocasiones extremas, ¡llenaba el tiempo con un pequeño baile!

La razón por la que me impresionó, es que esto es tan diferente del modo en que las audiencias reaccionan hoy con los cómicos. No sé si han notado esto, pero prácticamente todos los chistes de Stephen Colbert, Jimmy Fallon, Jimmy Kimmel o Bill Maher son respondidos no sólo con risas sino también con aplausos. Según la opinión de sus seguidores, no hay escala, no hay chistes relativamente buenos y relativamente malos. ¿Qué explica la diferencia? ¿Son ellos más graciosos que Johnny? ¡Por favor! Pienso que es porque Johnny Carson no era considerado el líder de una tribu, mientras que los comediantes de hoy lo son. Colbert, Kimmel y compañía están muy identificados con un punto de vista particular político/cultural que rehusarse a responderles con algo menos que entusiasmo total es interpretado como traicionar a la facción.

Una de las principales verificaciones que tenemos en contra del totalitarismo de las elites es la generosa aprobación para burlarse de los ricos, los famosos y los poderosos.

La contracara de esto, por supuesto, es que Carson podía entretener a todo el país, tanto liberales como conservadores. Él le propinaba, de vez en cuando, algún golpe suave a los dos bandos de la contienda política, pero nunca se identificó claramente con ninguno de los partidos. Un chiste típico que recuerdo tenía que ver con el presidente Jimmy Carter, que estaba experimentando un descenso en los números de las encuestas el mismo fin de semana que he su joven hija Amy estaba de vacaciones esquiando con sus amigas. Johnny destacó que el presidente y Amy tenían algo en común: ¡ambos estaban descendiendo rápido! De acuerdo, no era Moliere, ni menos Noel Coward, pero era un chiste con el que todos podían reír y que nunca sería confundido con un furioso partidismo Republicano. El punto es que el tribalismo en exhibición incluso en los programas cómicos tarde en la noche, representa una declinación severa de la situación cultural respecto a cuando Johnny Carson reinaba indiscutidamente. Si pudiéramos reír juntos —y juntos admitir cuando un chiste es flojo— tal vez entonces podríamos razonar juntos, llegar a un acuerdo, escucharnos unos con otros con respeto. Y es simplemente esa clase de conversación la que se necesita para el funcionamiento apropiado de una sociedad como la nuestra.

La comediante Joan Rivers fue la segunda invitada más popular en la historia del “Tonight Show” de Carson, apareciendo más de cien veces. Que esta graciosa señora extremadamente popular fuera seguramente cancelada hoy, si no arrestada, indica un auténtico declive de nuestra cultura. Mis lectores mayores recordarán que Rivers era famosa por el “humor agraviante”. Su truco habitual era burlarse de los ricos y poderosos, siendo la familia real británica su blanco favorito. Su estilo era como el de otro invitado popular de Carson, Don Rickles, quien cierta vez se inmiscuyó en una audiencia de estrellas de Hollywood y advirtió la presencia de una actriz que estaba, podríamos decir, pasada de moda. Rickles le dijo a ella, “Me encantó tu última película —¿salió en 1916, cierto?”. Por más de cincuenta años, en sitios por todo el país, Rivers y Rickles se embarcaron en este tipo de humor —y hasta donde yo sé, nunca se los dejó de invitar, nunca los pusieron en una lista negra, nunca los cancelaron. Y considerando lo que pasó unas semanas atrás en los Oscars (sí, estoy hablando sobre La Bofetada), tampoco fueron nunca agredidos físicamente en el escenario. 

El chiste de Chris Rock que provocó el ataque de Will Smith fue, según los estándares de Rickles o Rivers, de cierto modo suave, pero fue suficiente para merecer, al menos en la mente de Smith, un ataque físico. Lo que vimos en los Oscars fue una expresión grosera e incisiva de la cultura de la cancelación que se está diseminando como un veneno a lo largo del cuerpo político. Y está volviendo a los comediantes de todos lados inseguros, inquietos y autocensurados. Y esto, tal como el tribalismo referido antes, es ciertamente perjudicial para una sociedad libre. No hay dudas de que los cómicos de vez en cuando se pasan de la raya y dicen cosas inapropiadas o innecesariamente peligrosas, pero este es un pequeño precio por el beneficio que aportan a un compromiso político como el nuestro. Una de las principales verificaciones que tenemos en contra del totalitarismo de las elites es la generosa aprobación para burlarse de los ricos, los famosos y los poderosos. Como los bufones de la corte y locos profesionales de los viejos tiempos, comediantes como Joan Rivers, Don Rickles, George Carlin, Bill Burr, Ricky Gervais y, sí, incluso Bill Maher, han servido de un modo muy útil, para pinchar ciertos globos de gas que necesitan ser pinchados desesperadamente. Si esta forma de libertad de expresión se ve comprometida, nuestra sociedad sufre. 

Así que, si estás harto del tribalismo y muy harto de la cultura de la cancelación, te invitaría a que heches un vistazo en YouTube al viejo show de Johnny Carson, especialmente aquellos en que aparecía Joan Rivers.