Amigos, la paz esté con ustedes —es un eco de las palabras de Jesús resucitado en nuestro Evangelio del segundo domingo de Pascua, también llamado Domingo de la Divina Misericordia. Cristo les da a sus discípulos el regalo del shalom (paz). Pero existe aquí una yuxtaposición excepcionalmente importante: Él también muestra sus heridas, un signo del pecado y disfunción de la humanidad misma. No es uno o el otro, su paz o sus heridas; son ambos. No comprender esto implica comprender erróneamente gran parte del Cristianismo.
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