Amigos, el Evangelio de hoy es el relato de la visita de Jesús a Marta y María. Tengo una perspectiva diferente a la postura estándar sobre un equilibrio entre la vida activa y la contemplativa.
Siguiendo la forma en que Dios ordena el mundo, Jesús permite que las mujeres ingresen en su círculo íntimo. La historia de Marta y María nos da una pista muy interesante al respecto. Marta está en el espacio que estaba reservado a las mujeres: en la cocina preparando la comida. Pero María está en un lugar reservado para los hombres: sentada a los pies del rabino. Es la actitud de un discípulo.
Lucas, que es quien nos ofrece esta historia, fue un compañero de Pablo, y su Evangelio refleja muchos temas de Pablo. En la carta a los Gálatas, Pablo dice una frase famosa: “Por lo tanto, ya no hay judío ni pagano, esclavo ni hombre libre, varón ni mujer, porque todos ustedes no son más que uno en Cristo Jesús”.
Esto representaba algo muy radical, porque estas eran algunas de las divisiones sociales más básicas de la época, y cada una tenía un claro peso. Los hombres libres estaban mucho mejor que los esclavos; los judíos tenían enormes ventajas sobre los griegos y los hombres eran vistos como superiores a las mujeres. Pero ya no más, a la luz del reino de Dios que anuncia Jesús.
